jueves, 7 de enero de 2010

DEJA DE COMPARARTE

Imaginen que un cocodrilo quisiera ser como un águila o viceversa. A ningún animal se le ocurriría ser diferente de lo que es.
Supongamos que descubro que soy un cocodrilo, trataré de deslizarme mejor en los pantanos, ocultarme hábilmente para poder cazar con facilidad y en última instancia desarrollar al máximo la capacidad para la cual he nacido. Pero lo que nunca intentaría es querer volar como un águila, por el contrario disfrutaría muchísimo de observar su vuelo.
Cuando nos comparamos podemos hacernos mucho daño, debido a que nos sentiremos peor o mejor en relación a otros y no a lo que somos por nosotros mismos.
Cada uno de nosotros es una huella digital única que tiene condiciones que otros no tienen y los demás, a su vez, tendrán otras condiciones que nosotros no tenemos.
Hace poco estuve aprendiendo salsa y merengue para poder acompañar a mi esposa Viviana que es una excelente bailarina. Después de practicar un tiempo comencé a hacer los pasos básicos, pero no dejo de darme cuenta de que bailar, para mí, no es tan fácil.
Viviana dice que yo bailo con las palabras. Con esto quiere decir que si me dejan dar una charla o una conferencia puedo hacer danzar las palabras con muchísima facilidad.
Por eso me encanta como Viviana baila y a Viviana como yo doy las charlas.
Hay que encontrar el potencial que le es propio a cada ser humano y dejar de lado las comparaciones, que en definitiva lastiman el alma humana.
Roberto Tirigall
Psicólogo, Escritor y Conferencista Internacional
http://www.robertotirigall.com/